Qué es la retracción gingival
La retracción gingival ocurre cuando el margen de la encía se desplaza hacia la raíz del diente y deja al descubierto una zona que normalmente está cubierta por tejido blando. Suele notarse porque el diente "parece más largo" que antes, o porque aparece sensibilidad al frío, al calor o a los alimentos dulces en la zona donde la encía se ha retirado: la raíz expuesta no tiene el esmalte protector de la corona y es más sensible a estos estímulos.
Es un proceso gradual y, salvo que exista una causa aguda evidente (un golpe, por ejemplo), rara vez se nota de un día para otro: se va acumulando durante meses o años, lo que hace que muchas personas no le den importancia hasta que la sensibilidad se vuelve molesta.
Causas más frecuentes: cepillado agresivo, periodontitis, bruxismo
Causas más habituales: cepillado con técnica o fuerza inadecuada, enfermedad periodontal no tratada, bruxismo (apretar o rechinar los dientes), y en menor medida factores anatómicos individuales, como encías finas de nacimiento.
El cepillado demasiado agresivo —con cerdas duras, movimientos horizontales bruscos o demasiada presión— desgasta mecánicamente el margen de la encía con el paso de los años. Es una de las causas más comunes precisamente porque parte de una intención buena: muchas personas cepillan con fuerza pensando que así limpian mejor, cuando en realidad dañan el tejido que protege la raíz.
La enfermedad periodontal (gingivitis no tratada que avanza a periodontitis) destruye el hueso y el tejido de soporte alrededor del diente, y la encía se retrae siguiendo esa pérdida de soporte. El bruxismo, por su parte, somete al diente y a la encía a fuerzas que exceden lo que el tejido está diseñado para soportar, acelerando la recesión en los dientes más afectados por el rechinamiento.
Por qué no se regeneran solas
El tejido gingival, a diferencia de otros tejidos del cuerpo, no tiene capacidad de regenerarse de forma espontánea una vez perdido. Por eso una encía retraída no vuelve a "crecer" con el tiempo, aunque se corrija la causa que la provocó: lo que se consigue al actuar sobre la causa es detener el avance, no recuperar el tejido ya perdido.
Esta es la razón por la que la prevención —una técnica de cepillado correcta, revisiones periódicas y controlar el bruxismo si existe— tiene tanto peso en periodoncia: es mucho más eficaz evitar que la recesión avance que intentar revertirla una vez instaurada.
Qué opciones existen según la causa y el grado
El primer paso siempre es identificar y controlar la causa: corregir la técnica de cepillado, tratar la enfermedad periodontal activa mediante limpieza profesional y, si procede, curetaje, o abordar el bruxismo con una férula de descarga. Sin este paso, cualquier otra intervención tiene poco sentido porque el proceso seguiría avanzando.
En casos con sensibilidad marcada, existen tratamientos para reducir la molestia en la raíz expuesta sin necesidad de cirugía. En recesiones más avanzadas y en casos concretos donde afecta a la estética o compromete la salud del diente, se puede valorar una intervención específica; qué opción es adecuada depende del grado de retracción, de la causa de fondo y de la situación de cada paciente, y se decide siempre tras una exploración periodontal completa.
- Sensibilidad al frío o al calor que va a más
- Los dientes se ven cada vez "más largos"
- Sangrado de encías al cepillarte
- Notas que aprietas o rechinas los dientes por la noche
- La retracción es visible en un diente y no en los demás (posible causa localizada)
Cuanto antes se identifique la causa, antes se puede frenar el avance: la retracción de encías no duele hasta que la sensibilidad ya es notable.