Por qué los primeros minutos son los que más importan
Cuando un golpe saca un diente completo de su alvéolo —lo que en odontología se llama avulsión dental—, la raíz queda cubierta por un fino tejido llamado ligamento periodontal, responsable de que el diente pueda volver a fijarse al hueso si se reimplanta a tiempo. Ese tejido es extremadamente frágil y empieza a morir en cuanto el diente queda seco fuera de la boca.
Por eso el pronóstico depende, sobre todo, de dos factores que se deciden en los primeros minutos: cuánto tiempo pasa el diente fuera de su sitio y en qué medio se conserva mientras se llega a la clínica. Pasado ese margen, aunque el diente se pueda recolocar, las probabilidades de que el organismo lo acepte de forma estable bajan de forma notable.
Esto solo aplica a dientes definitivos. Un diente de leche caído por un golpe nunca se reimplanta: intentarlo puede dañar el diente definitivo que se está formando debajo, así que en niños pequeños el diente no se recoloca, aunque el resto de pasos de conservación y de acudir a la clínica siguen siendo igual de importantes para valorar el golpe.
Qué hacer: coger el diente por la corona, no por la raíz
Lo primero es localizar el diente y cogerlo siempre por la corona —la parte blanca que normalmente se ve al sonreír—, evitando en todo momento tocar la raíz. La raíz conserva el tejido que hace posible que el diente se vuelva a fijar, y manipularla, frotarla o rasparla para "limpiarla" daña justo lo que hay que preservar.
Si el diente está sucio de tierra o de sangre, basta un enjuague breve bajo un chorro suave de agua o con suero fisiológico, sujetándolo siempre por la corona, sin frotar ni usar jabón, alcohol o cualquier otro producto.
Si la persona está tranquila y es posible, se puede intentar volver a colocar el diente en su alvéolo con una presión suave, sin forzar, y morder con cuidado sobre una gasa o un pañuelo limpio para mantenerlo en su sitio de camino a la clínica. Si no se consigue o duele demasiado, no hay que insistir: se pasa directamente al siguiente paso.
- Coger el diente por la corona, nunca por la raíz.
- Si está sucio, enjuagar con agua o suero fisiológico sin frotar.
- Intentar reinsertarlo en su alvéolo si es posible, sin forzar.
- Si no se puede reinsertar, guardarlo en leche o suero fisiológico.
- Acudir a una clínica de urgencia dental de inmediato.
Cómo transportarlo hasta la clínica
Cuando el diente no se puede volver a colocar en el momento, la regla más importante es nunca transportarlo en seco. El medio de conservación es lo que más influye en si el ligamento de la raíz sigue vivo cuando el diente llega a la consulta. De mejor a peor opción:
- Dentro de la propia boca, entre la mejilla y la encía (nunca tragándoselo ni sujetándolo entre los dientes), si la persona está consciente y no es un niño pequeño con riesgo de tragárselo.
- Leche fría, que es el medio más accesible y uno de los que mejor conserva el tejido de la raíz durante el trayecto.
- Suero fisiológico, si se dispone de él, en un recipiente limpio donde el diente quede cubierto por completo.
- Nunca en agua del grifo ni envuelto en un pañuelo seco: el agua corriente daña las células de la raíz y un traslado en seco reduce drásticamente las opciones de reimplante.
Si no hay leche ni suero a mano, la propia saliva dentro de la boca sigue siendo mejor conservante que el aire o el agua del grifo.
Por qué hay que acudir de urgencia, no al día siguiente
Cada minuto que pasa reduce las posibilidades de un reimplante exitoso, así que esta es una de las pocas situaciones dentales en las que "esperar a ver cómo evoluciona" no es una opción razonable. Lo correcto es dirigirse a una clínica dental de urgencia de inmediato, o a un servicio de urgencias si es fuera de horario, llevando el diente correctamente conservado.
En la clínica, el dentista limpiará la zona, valorará el alvéolo y el propio diente, y si las condiciones lo permiten, procederá a reimplantarlo y a inmovilizarlo con una férula durante un tiempo, además de revisar si hace falta tratamiento adicional del nervio más adelante. Incluso cuando ha pasado más tiempo del ideal, merece la pena que un profesional valore el caso: a veces todavía es posible salvar el diente, y si no, hay que descartar otras lesiones asociadas al golpe (fracturas de otros dientes, heridas en la encía o el labio, o afectación del hueso).
- Un diente entero se ha caído por un golpe, un accidente o una caída
- El diente se ha movido, se ha desplazado o parece "más largo" de lo normal tras el impacto
- Hay sangrado en la encía o el labio que no cede con presión
- El golpe ha afectado a varios dientes o a un niño pequeño
Ante cualquier golpe con avulsión dental, la prioridad es acudir de urgencia con el diente bien conservado, no esperar a ver si "se arregla solo".