Qué es cada material
Un empaste (u obturación) es el material que rellena la cavidad que deja una caries una vez eliminado el tejido dañado, devolviendo al diente su forma y su función masticatoria. Durante décadas, ese material fue casi siempre la amalgama; hoy, en la mayoría de los casos, es composite.
- Amalgama: aleación metálica que incluye mercurio junto con plata, estaño y cobre. Color plateado/grisáceo, muy resistente, en desuso progresivo.
- Composite: resina compuesta reforzada con partículas cerámicas, del mismo color que el diente natural. Es el material estándar en la odontología actual.
La diferencia más evidente a simple vista es el color: un empaste de amalgama se distingue con facilidad al abrir la boca, mientras que uno de composite bien realizado resulta prácticamente indistinguible del diente sano que lo rodea. La diferencia técnica es igual de relevante: la amalgama se compacta mecánicamente dentro de la cavidad, mientras que el composite se adhiere químicamente a la estructura del diente.
Por qué la amalgama ha ido desapareciendo
El motivo principal del descenso en el uso de la amalgama no es una moda estética, sino regulatorio: la normativa europea sobre el mercurio (un metal pesado presente en la amalgama) ha ido restringiendo progresivamente su uso en odontología dentro de la Unión Europea, en línea con los compromisos internacionales para reducir la exposición ambiental al mercurio.
A esa presión normativa se suma un cambio en las propias posibilidades técnicas: los composites actuales han mejorado mucho su resistencia y su comportamiento frente al desgaste, lo que ha hecho que dejen de ser una alternativa "solo estética" y pasen a ser, en la mayoría de los casos, el material de primera elección también desde el punto de vista funcional. A esto se suma la propia demanda de los pacientes, cada vez más reacios a que se vea un empaste metálico al hablar o sonreír, incluso en muelas poco visibles.
Cómo se coloca un empaste de composite
El procedimiento empieza igual que con cualquier empaste: se anestesia la zona si es necesario y se elimina el tejido dañado por la caries con instrumental rotatorio. A partir de ahí, la técnica cambia bastante respecto a la amalgama: el diente se prepara con un ácido suave para crear microporosidades, se aplica un adhesivo y, después, la resina compuesta se va colocando por capas finas dentro de la cavidad.
Cada capa se endurece con una lámpara de luz especial (fotopolimerización) antes de añadir la siguiente, lo que permite ir dando forma al diente con precisión y reduce la contracción del material. Al terminar, el dentista pule y ajusta la mordida para que el empaste quede totalmente integrado con el resto de la dentadura. Es un proceso que requiere un campo de trabajo seco y más tiempo de sillón que la amalgama, pero que se traduce en un resultado más conservador con el diente.
Ventajas del composite
- Estética: se ajusta al color del diente, por lo que el empaste no se ve al hablar o sonreír.
- Menos desgaste de tejido sano: su técnica de colocación (adhesión directa) permite, en general, eliminar menos estructura dental que la preparación clásica para amalgama.
- Sin mercurio: no contiene metales pesados en su composición.
- Versatilidad: se puede usar tanto en dientes posteriores como anteriores, algo que la amalgama, por su color, no permitía en la zona visible de la sonrisa.
Cuándo se recomienda cada uno hoy
En la práctica actual, el composite es el material habitual para la inmensa mayoría de los empastes, tanto por normativa como por preferencia clínica y del propio paciente. La amalgama prácticamente ha dejado de colocarse como primera opción en las clínicas dentales españolas.
Eso no significa que todos los pacientes con empastes antiguos de amalgama deban cambiarlos: si un empaste de amalgama está en buen estado, sin fisuras ni filtración, no hay una indicación clínica de sustituirlo solo por ser de ese material. La decisión de retirarlo y sustituirlo por composite se toma en revisión, valorando el estado real de cada empaste y del diente que lo sostiene, y no de forma sistemática en todos los pacientes que aún los conservan.
- Un empaste antiguo (de amalgama o composite) se ha fracturado o presenta un borde levantado
- Aparece sensibilidad nueva en un diente ya empastado
- Se nota un hueco, una filtración de color oscuro alrededor del empaste o mal sabor persistente
- Ha pasado mucho tiempo desde la última revisión y no recuerdas el estado de tus empastes
Ninguno de estos signos se resuelve solo; una revisión permite decidir si el empaste sigue siendo válido o conviene sustituirlo.